La convivencia entre las zonas residenciales del noroeste de Guayaquil y la reserva natural de Cerro Azul representa uno de los modelos ecológicos y paisajísticos más emblemáticos de la urbe. Mientras las familias del sector defienden la integridad de este ecosistema frente a presiones extractivas y urbanas, la comunidad científica corrobora el impacto directo que tiene esta masa forestal en el bienestar de sus habitantes.
En este contexto, el biólogo y docente investigador de la FCV-ESPOL, Julián Pérez-Correa, explicó para diario Expreso que la preservación de la vegetación en la zona ha permitido salvaguardar una biodiversidad funcional en plena área urbana. "La facilidad de poder conectar con organismos que generalmente no se observan en una ciudad es fascinante y es una de sus fortalezas más importantes", afirmó el especialista.
Más allá de los aspectos paisajísticos, Pérez-Correa enfatizó las funciones ecosistémicas clave que cumple esta barrera verde:
Filtro y aislamiento ambiental: “Las áreas verdes funcionan como retenedores de material particulado y son aislantes naturales de ruido”, detalló el investigador, factores esenciales para contrarrestar la polución en una urbe con déficit de cobertura arbórea.
Bienestar integral: El contacto permanente con estos entornos naturales optimiza la calidad de vida y aporta beneficios directos a la salud mental de la población.
Manejo técnico y corredores biológicos: Para garantizar la sostenibilidad del ecosistema a largo plazo, Pérez-Correa recomendó priorizar el fortalecimiento de corredores ecológicos barriales con especies nativas del bosque seco tropical. "Al estar adaptadas al clima, se reducen costos de mantenimiento y se genera un sistema mucho más amigable con la fauna local", concluyó.
El aporte del docente politécnico resalta el papel de la academia en dotar de sustento técnico y rigor científico las iniciativas ciudadanas orientadas a proteger los pulmones naturales de Guayaquil.