El Golfo de Guayaquil alberga el sistema de manglares más extenso de la costa del Pacífico de América del Sur, un entorno natural que no solo protege la línea de costa frente a la erosión y el cambio climático, sino que sostiene la economía de miles de familias ecuatorianas. La Facultad de Ciencias de la Vida (FCV) destaca cómo la ciencia aplicada resulta crucial para comprender y conservar los servicios ecosistémicos de esta región.
El manglar funciona como una zona de reproducción indispensable para especies de alto valor comercial, como el cangrejo rojo (Ucides occidentalis) y la concha prieta (Anadara tuberculosa). Investigadores de la ESPOL recalcan que la salud de este hábitat determina de forma directa la seguridad alimentaria y los ingresos económicos de las comunidades recolectoras artesanales del golfo, quienes dependen en su totalidad de la provisión sostenible de estos recursos biológicos.
A pesar de su importancia biológica y su capacidad excepcional para capturar carbono (carbono azul), los manglares enfrentan presiones debido a la expansión urbana, la contaminación y las actividades productivas no reguladas. Desde la FCV, se impulsa la generación de líneas base científicas y el monitoreo participativo junto a los usuarios ancestrales del manglar, promoviendo estrategias de manejo que equilibren la conservación ambiental con el desarrollo socioeconómico.